Aumenta presencia de niños pidiendo dinero o vendiendo en los semáforos

Los infantes están en situaciones de trabajo infantil y mendicidad, pese a que la ley los protege por ser parte de los grupos de atención prioritaria.

Pese a que su edad deberían estar jugando, muchos niños se enfrentan a la dura realidad de las calles, y en esta temporada de vacaciones se los ve vendiendo algún producto o simplemente extendiendo la mano en busca de algunas monedas.

Algunos salen junto a sus padres y con miradas tristes se acercan a los vehículos pidiendo ayuda, esto mientras la luz del semáforo cambia.

Por su acento, se distingue que la mayoría son extranjeros, «me partió el corazón ver a una niña cargando a una bebé casi sin poder con un brazo y con el otro sosteniendo unas mandarinas», cuenta Andrea Reyes, quien al pasar por el semáforo situado a unos metros del Cuartel de Bomberos, no pudo contener la nostalgia.

Ella coincide con muchas personas, pues afirma que al comprarle fomenta que los padres sigan sacando a  sus hijos para, por medio de la lástima, vender más u obtener dinero de forma más rápida. «Comprendo que la situación está dura, pero yo como padre debo salir a buscar el pan para mis hijos y no exponerlos a ellos a esta situación», afirmó.

Una niña con una bebé en brazos fue captada mientras vendía mandarinas.

Situación

Los semáforos del Coliseo de Deportes es otro lugar elegido por quienes se dedican a mendigar o a la venta informal, ahí encontramos a un hombre de aproximadamente 40 años, subiendo y bajando la avenida Olmedo mientras dura la luz roja del semáforo, en sus brazos lleva a un pequeño niño que no tendría más de tres años.

Al acercarnos e indicarle que buscamos entrevistarle se muestra renuente, pero acepta hablar ofreciéndole dinero, dice que no sale con su hijo porque quiere sino porque no tiene con quien dejarlo, «yo he buscando trabajo pero no hay, la gente no le da trabajo a los que no son de acá por miedo», dice mientras mueve en sus manos unas monedas que le dio una mujer que pasaba en su vehículo.

El pequeño parecería dormir profundamente, casi no se mueve, el padre dice que cuando llueve se va de inmediato, afirma que tiene miedo que se enferme. Sobre su madre prefiere no hablar.

Sin embargo al momento de este diálogo el sol golpea fuertemente y el bebé no tiene ni una gorra que lo proteja. «Vamos de ciudad en ciudad, queremos llegar a nuestro país», dice. Al finalizar pide que no le saquen ninguna fotografía, «no quiera que mi familia me vea así», agrega.

Casos como estos se replican a diario en las calles céntricas, y aunque hay casos como estos, en los que se los ve por un vez pidiendo dinero y luego desaparecen, hay también los casos en los que son las mismas personas que ya se acostumbraron a esta forma de vida y con sus niños se acercan a los carros a pedir dinero.

Ver está escena mueve el corazón a cualquiera, por ello es que cada vez es una práctica más empleada, pues si una persona en edad de trabajar y valerse por sus propios medios pidiese dinero, no muchos le darían, pero al verlos con infantes el panorama cambia.

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